miércoles, 5 de mayo de 2010

2.Mayo.2010

Las bocas se persiguen, cada vez mas, la respiración se vuelve ansiosa y el ritmo crece, como una canción acabada de componer que tenias hace tiempo en la cabeza pero que no tenias el coraje de tocar. Y siguen, se conceden un bis, como artistas de la escena que no se hacen de rogar, que no se resisten. Pero una nota desafinada resuena dentro de ella, una sensación de culpa que ninguna pared podrá absorber, ni ningún auricular podrá aislar. Ella lo piensa un instante. Sólo un instante. Después se abandona como una ola rebelde que se deja llevar por la corriente. Y cierra los ojos. Y prefiere no pensar en ello. Porque, en ocasiones, la curiosidad no mata al gato, si no sólo la conciencia.





Perdona si te llamo amor

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